viernes, 16 de octubre de 2026

EL CINE QUE TANTO AMAMOS: "SAMSARA" Y "LOVE ME TENDER"

“Decíamos ayer...”

Casi tres años han pasado desde la publicación de la última entrada dedicada a esta sección del blog. Las razones de tan largo silencio han sido de índole diversa, pero no queremos aburrirles con nuestras pequeñas cuitas y carcomas, por otra parte intrascendentes: indudablemente ustedes tienen ya bastante con las suyas, o simplemente con la contemplación a través de sus pantallas de la acumulación de una barbarie que parece imparable, pero que no lo es. No está de más, sin embargo, recordar que, aparte de guiarse por el propósito de fomentar el amor al cine, entendido como posibilidad de cultura, fuente de placer y oportunidad para la reflexión, esta sección pretende brindar una ventana compartida a algunas de las películas que hemos podido ver en las últimas semanas, y que nos han movido a escritura. En esta ocasión les proponemos un programa doble, y esperamos despertar el apetito de ver o revisitar dos películas recientes que merecen la atención del público formado.

 


“Samsara” (2025), de Lois Patiño


Hace ya algunos años, hablando con un experto en narrativa audiovisual, salió a relucir, como figura importante para pensar el cine contemporáneo, un nombre para nosotros desconocido: el de Lois Patiño. Se trata de un artista visual y cineasta gallego, nacido en 1983 y encuadrado dentro del movimiento conocido como Novo Cinema Galego. Esta corriente se caracteriza por su voluntad de hacer un cine experimental, al margen de los cánones más establecidos, y está brindando contribuciones importantes al arte cinematográfico, reconocidas en el interior y el exterior de nuestras fronteras por el público y la crítica exigente (pensemos, por ejemplo, en el justísimo reconocimiento obtenido por la muy potente Sirat, de Oliver Laxe). La conversación sirvió de acicate para ver Lúa Vermella (2020), segundo largometraje de Patiño, película de gran calidad poética y profundamente personal ambientada en la costa de Galicia. Y hemos leído críticas asimismo excelentes de Costa da Morte (2013), premiada en el Festival de Locarno. Samsara es su tercer largometraje, y en él Patiño vuelve a transitar con originalidad y acierto por territorios narrativos y sensoriales poco explorados. En Filmin puede accederse al grueso de su obra audiovisual, compuesta por varios mediometrajes y cortometrajes, como el exquisito El sembrador de estrellas (2020), ambientada en el universo nocturno de Tokio y con un texto en el que las citas de autores como Antonio Machado, Susan Sontag o Samuel Beckett logran ofrecer un conjunto recitado de gran hondura y belleza.


En las tradiciones filosóficas de la India, la palabra samsara hace referencia al ciclo de nacimiento, muerte, vida y reencarnación del individuo. La película de Patiño refleja, de manera original y hermosa, ese proceso de tránsito, que nos lleva desde Laos hasta Tanzania. El reconocimiento del que fue objeto en el Festival de Berlín, y la excelente acogida que le ha reservado la crítica en nuestro país, nos parecen sumamente merecidos. Si ustedes son partidarios de un cine que busca transitar por nuevas vías, sin que ello signifique encerrarse en un lenguaje críptico, y disfrutan de las narraciones llevadas a ritmo pausado, pero sin llegar a los excesos de los representantes más radicales del llamado slow cinema o “cine contemplativo”, creemos que esta película resultará de su agrado.

 

“Love me Tender” (2025), de Anna Cazenave Cambet


Siempre se paga un alto precio por la libertad, incluso en sociedades aparentemente evolucionadas, y no pocas veces precisamente a manos de aquellos que pensábamos que nunca nos traicionarían. Así nos lo vuelve a demostrar esta película franco-luxemburguesa, basada en hechos reales, sobre un madre divorciada que, a partir el momento en que le cuenta a su exmarido, con absoluta inocencia y naturalidad, que mantiene relaciones sexoafectivas con mujeres, es objeto de una implacable venganza por parte de éste, centrada de manera perversa en impedirle ver por todos los medios a su alcance al hijo que tienen en común.


La película está protagonizada por Vicky Krieps, actriz de presencia magnética, y no carece de méritos. Basada en un libro autobiográfico de la escritora Constance Debré, opta por un mecanismo narrativo que combina la narración en tercera persona con el recurso a la voz en off de la protagonista, que de manera puntual ejerce así de comentarista del relato. A esa voz en off pertenecen algunos de los mejores momentos de la película, con algunas reflexiones de gran belleza y calado.


El relato fluye con sencillez de medios, precisión en los encuadres y especial esmero fotográfico en algunas escenas de intimidad. Lo hace a través de pinceladas leves y un tono muy contenido, que contrasta con lo terrible de esta historia en la que una mujer que quiere ser fiel a su deseo es brutalmente castigada por las falsas acusaciones de un manipulador patológico, convertido en salvaguarda de una moral aparentemente intachable, y el concurso de un aparato judicial de impronta fuertemente reaccionaria, en el que a la protagonista se la castiga incluso por el hecho de ser escritora. Todo esto en el corazón de Europa y en pleno siglo XXI.


Es verdad que, conforme se suceden los acontecimientos, los distintos evaluadores psicológicos, trabajadores sociales e incluso agentes de la policía van descubriendo que, contra lo que dice la versión oficial, no es ella la culpable, la loca, la maltratadora. Y, sin embargo, esa suma de voluntades benévolas que va conquistando la protagonista de poco servirá a la hora de devolverle la posibilidad de que su hijo pueda verla con normalidad, fraguar auténtica intimidad con ella, amarla en el difícil tránsito de la infancia a la adolescencia.


Hacer una película a partir de esos mimbres nos parece encomiable. Es una historia que merece ser contada y conocida, ojalá vista por aquellos que creen vivir en la mejor de las sociedades posibles, donde ya no hay que luchar por nuestros derechos ni por los de nuestros conciudadanos. El problema, desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, es que la apuesta prácticamente continua de la realizadora por un tratamiento distanciado de los materiales dramáticos, los numerosos tiempos muertos de un relato que dedica un gran número de escenas al retrato de la cotidianidad de la protagonista, y la apuesta por un dibujo de los personajes que apenas nos permite saber nada de ellos fuera de las acciones que los vemos protagonizar en pantalla, parecen situar al filme en un espacio estético que, ciertamente, se sitúa de manera voluntaria al margen de una construcción puramente funcional del relato, pero que no consigue alcanzar un grado óptimo de acumulación y densidad dramáticas.


No obstante, junto a las prevenciones que acabamos de señalar, debemos tener en cuenta que se trata del segundo largometraje de una realizadora todavía joven, en el que no faltan momentos poderosos —así, el arranque de la película, con esos planos cortos de los cuerpos deseantes que desde el primer momento nos sitúan en el meollo que desencadenará el drama; o la escena en un único plano del encuentro entre la mujer y el exmarido en la cafetería, en el último tercio del largometraje, donde el histerismo y agresividad de las defensas proyectivas de este último contrastan muy atinadamente con la serenidad de la protagonista; o, más hacia el final de la película, la escena en la que la pareja femenina ve Gritos y susurros, de Ingmar Bergman, mientras ejecuta acciones estrictamente contrarias al pathos habitual en esa etapa del realizador sueco—. También es de agradecer que la evidente voluntad de denuncia de una parte de la sociedad muy poderosa que continúa profundamente marcada por el machismo y la homofobia huya en todo momento de los mecanismos discursivos e identificativos propios de determinado cine social, plagado de buenas intenciones, pero no siempre dotado de genuino vuelo artístico. Es posible que, en los intersticios de esta película, se esté gestando la voz propia de una cineasta todavía en proceso de formación. Y nos parece que el largometraje ofrece, pese a todo, suficientes elementos de interés como para recomendar también su visionado.



Esperamos que estas reflexiones hayan sido de su interés. Y recuerden: contra la barbarie, mostremos templanza y luchemos con determinación en la defensa de los valores de la pluralidad democrática y de la cultura libre.

 


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