“Decíamos
ayer...”
Casi
tres años han pasado desde la publicación de la última entrada dedicada a esta
sección del blog. Las razones de tan largo silencio han sido de índole diversa,
pero no queremos aburrirles con nuestras pequeñas cuitas y carcomas, por otra
parte intrascendentes: indudablemente ustedes tienen ya bastante con las suyas,
o simplemente con la contemplación a través de sus pantallas de la acumulación
de una barbarie que parece imparable, pero que no lo es. No está de más, sin
embargo, recordar que, aparte de guiarse por el propósito de fomentar el amor
al cine, entendido como posibilidad de cultura, fuente de placer y oportunidad
para la reflexión, esta sección pretende brindar una ventana compartida a
algunas de las películas que hemos podido ver en las últimas semanas, y que nos
han movido a escritura. En esta ocasión les proponemos un programa doble, y
esperamos despertar el apetito de ver o revisitar dos películas recientes que merecen
la atención del público formado.
“Samsara”
(2025), de Lois Patiño
Hace
ya algunos años, hablando con un experto en narrativa audiovisual, salió a
relucir, como figura importante para pensar el cine contemporáneo, un nombre
para nosotros desconocido: el de Lois Patiño. Se trata de un artista visual y
cineasta gallego, nacido en 1983 y encuadrado dentro del movimiento conocido
como Novo Cinema Galego. Esta corriente se caracteriza por su voluntad de hacer
un cine experimental, al margen de los cánones más establecidos, y está brindando
contribuciones importantes al arte cinematográfico, reconocidas en el interior
y el exterior de nuestras fronteras por el público y la crítica exigente (pensemos,
por ejemplo, en el justísimo reconocimiento obtenido por la muy potente Sirat, de Oliver Laxe). La conversación
sirvió de acicate para ver Lúa Vermella (2020),
segundo largometraje de Patiño, película de gran calidad poética y
profundamente personal ambientada en la costa de Galicia. Y hemos leído
críticas asimismo excelentes de Costa da
Morte (2013), premiada en el Festival de Locarno. Samsara es su tercer largometraje, y en él Patiño vuelve a
transitar con originalidad y acierto por territorios narrativos y sensoriales
poco explorados. En Filmin puede accederse al grueso de su obra audiovisual,
compuesta por varios mediometrajes y cortometrajes, como el exquisito El sembrador de estrellas (2020),
ambientada en el universo nocturno de Tokio y con un texto en el que las citas
de autores como Antonio Machado, Susan Sontag o Samuel Beckett logran ofrecer
un conjunto recitado de gran hondura y belleza.
En
las tradiciones filosóficas de la India, la palabra samsara hace referencia al ciclo de nacimiento, muerte, vida y
reencarnación del individuo. La película de Patiño refleja, de manera original
y hermosa, ese proceso de tránsito, que nos lleva desde Laos hasta Tanzania. El
reconocimiento del que fue objeto en el Festival de Berlín, y la excelente
acogida que le ha reservado la crítica en nuestro país, nos parecen sumamente
merecidos. Si ustedes son partidarios de un cine que busca transitar por nuevas
vías, sin que ello signifique encerrarse en un lenguaje críptico, y disfrutan
de las narraciones llevadas a ritmo pausado, pero sin llegar a los excesos de
los representantes más radicales del llamado slow cinema o “cine contemplativo”, creemos que esta película resultará
de su agrado.
“Love
me Tender” (2025),
de Anna Cazenave Cambet
Siempre
se paga un alto precio por la libertad, incluso en sociedades aparentemente evolucionadas,
y no pocas veces precisamente a manos de aquellos que pensábamos que nunca nos
traicionarían. Así nos lo vuelve a demostrar esta película franco-luxemburguesa,
basada en hechos reales, sobre un madre divorciada que, a partir el momento en
que le cuenta a su exmarido, con absoluta inocencia y naturalidad, que mantiene
relaciones sexoafectivas con mujeres, es objeto de una implacable venganza por
parte de éste, centrada de manera perversa en impedirle ver por todos los
medios a su alcance al hijo que tienen en común.
La
película está protagonizada por Vicky Krieps, actriz de presencia magnética, y
no carece de méritos. Basada en un libro autobiográfico de la escritora
Constance Debré, opta por un mecanismo narrativo que combina la narración en
tercera persona con el recurso a la voz en off
de la protagonista, que de manera puntual ejerce así de comentarista del
relato. A esa voz en off pertenecen
algunos de los mejores momentos de la película, con algunas reflexiones de gran
belleza y calado.
El
relato fluye con sencillez de medios, precisión en los encuadres y especial esmero
fotográfico en algunas escenas de intimidad. Lo hace a través de pinceladas
leves y un tono muy contenido, que contrasta con lo terrible de esta historia
en la que una mujer que quiere ser fiel a su deseo es brutalmente castigada por
las falsas acusaciones de un manipulador patológico, convertido en salvaguarda
de una moral aparentemente intachable, y el concurso de un aparato judicial de
impronta fuertemente reaccionaria, en el que a la protagonista se la castiga incluso
por el hecho de ser escritora. Todo esto en el corazón de Europa y en pleno
siglo XXI.
Es
verdad que, conforme se suceden los acontecimientos, los distintos evaluadores
psicológicos, trabajadores sociales e incluso agentes de la policía van
descubriendo que, contra lo que dice la versión oficial, no es ella la culpable,
la loca, la maltratadora. Y, sin embargo, esa suma de voluntades benévolas que
va conquistando la protagonista de poco servirá a la hora de devolverle la
posibilidad de que su hijo pueda verla con normalidad, fraguar auténtica
intimidad con ella, amarla en el difícil tránsito de la infancia a la
adolescencia.
Hacer
una película a partir de esos mimbres nos parece encomiable. Es una historia
que merece ser contada y conocida, ojalá vista por aquellos que creen vivir en
la mejor de las sociedades posibles, donde ya no hay que luchar por nuestros
derechos ni por los de nuestros conciudadanos. El problema, desde un punto de
vista estrictamente cinematográfico, es que la apuesta prácticamente continua
de la realizadora por un tratamiento distanciado de los materiales dramáticos,
los numerosos tiempos muertos de un relato que dedica un gran número de escenas
al retrato de la cotidianidad de la protagonista, y la apuesta por un dibujo de
los personajes que apenas nos permite saber nada de ellos fuera de las acciones
que los vemos protagonizar en pantalla, parecen situar al filme en un espacio estético
que, ciertamente, se sitúa de manera voluntaria al margen de una construcción
puramente funcional del relato, pero que no consigue alcanzar un grado óptimo
de acumulación y densidad dramáticas.
No
obstante, junto a las prevenciones que acabamos de señalar, debemos tener en
cuenta que se trata del segundo largometraje de una realizadora todavía joven, en
el que no faltan momentos poderosos —así, el arranque de la película, con esos
planos cortos de los cuerpos deseantes que desde el primer momento nos sitúan
en el meollo que desencadenará el drama; o la escena en un único plano del
encuentro entre la mujer y el exmarido en la cafetería, en el último tercio del
largometraje, donde el histerismo y agresividad de las defensas proyectivas de
este último contrastan muy atinadamente con la serenidad de la protagonista; o,
más hacia el final de la película, la escena en la que la pareja femenina ve Gritos y susurros, de Ingmar Bergman, mientras
ejecuta acciones estrictamente contrarias al pathos habitual en esa etapa del realizador sueco—. También es de
agradecer que la evidente voluntad de denuncia de una parte de la sociedad muy
poderosa que continúa profundamente marcada por el machismo y la homofobia huya
en todo momento de los mecanismos discursivos e identificativos propios de
determinado cine social, plagado de buenas intenciones, pero no siempre dotado
de genuino vuelo artístico. Es posible que, en los intersticios de esta
película, se esté gestando la voz propia de una cineasta todavía en proceso de
formación. Y nos parece que el largometraje ofrece, pese a todo, suficientes
elementos de interés como para recomendar también su visionado.
Esperamos
que estas reflexiones hayan sido de su interés. Y recuerden: contra la barbarie,
mostremos templanza y luchemos con determinación en la defensa de los valores
de la pluralidad democrática y de la cultura libre.









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