Pues es cierto: a veces tardamos demasiado en comentar
ciertos estrenos. Ello no se debe exclusivamente a nuestra proverbial pereza
(que también) sino a que ciertas muestras de cinematografías foráneas tardan lo
suyo en llegar a nuestro villorrio. Si bien Jason Bourne fue estrenada puntualmente el 29 de
julio en miles de pantallas de la piel de toro, pelis japonesas, húngaras o
indonesias se retrasan en llegar (si es que llegan alguna vez). Quizá si
viviéramos en una megalópolis tipo Madrid o Barcelona veríamos ciertas
películas con mayor facilidad, pero no nos quejamos de nuestra condición de
paletos. Además, en los pueblos se ven cosas que rara vez suceden en las
ciudades. El otro día íbamos a por el pan y el tabaco cuando nos topamos con
una oveja extraviada que pretendía meterse en el único cajero de la localidad.
El animal, ejemplar de buen tamaño, arremetió después contra un perro, de raza
labrador, que se acojonó totalmente ante la acometida ovejil. Probablemente el
chucho desconocía el santo y seña de “Bee cordero, oveja: a tu clan, a tu raza,
a tu vellón sé leal”, a diferencia de Babe, el cerdito valiente. O quizá es que
los perros domésticos cada vez son más degenerados.
Pero es cierto que algunas pelis se hacen de rogar, por
cortesía de distribuidores y exhibidores. Cuando los de Podemos, en un momento
de calentón, afirman que “aún vivimos en época de Franco”, nosotros siempre
pensamos que se refieren a la exhibición de pelis que no sean norteamericanas.
Naturalmente, hay, y hubo, excepciones. Vean esta simpática crítica del Rashomon de Kurosawa, estrenada en España
cuatro años después de que triunfara en el Festival de Venecia:
Nos encanta lo del “ritmo netamente oriental” y eso de “la
poesía austera y de perfecta nobleza de tono” (que no comprendemos en absoluto,
pero que suena muy bien). En lo que no estamos de acuerdo es que “extrañe a los
ojos occidentales”. Tampoco somos tan ignorantes respecto al mundo asiático.
Por ejemplo, sabemos que los directores chinos se clasifican por generaciones
(Zhang Yimou es de la quinta), como en todos los demás oficios (por ejemplo,
“un alfarero de la trigésimo sexta generación”). Y también sabemos que el cine
japonés se divide en dos grandes géneros, el jidai-geki (film de época) y el gendai-geki (que aborda el periodo
contemporáneo). Ahora bien, pelis como Godzilla no sabemos muy bien en qué
categoría meterlas. También conocemos la existencia del benshi, un actor que narraba la peli al
respetable mientras las imágenes se sucedían en la pantalla y que además
comentaba la acción. Igualito que el vecino de butaca que le suele tocar a
usted cuando va al cine. Y no crean que somos los únicos: ciertos británicos
están absolutamente empapados de la cultura japonesa:
Cuatro hermanas
En Nuestra hermana pequeña el relato arranca con la
presentación de tres hermanas muy distintas entre sí que viven juntas y a
quienes sus padres abandonaron cuando eran unas crías. La mayor, Sachi, se ha
ocupado de sacar adelante a sus hermanas. Cuando su padre muere, las chicas
viajan al norte para acudir a las exequias y se enteran de que tienen una
hermana pequeña de 13 años, Suzu (de su segunda esposa, no de la reciente
viuda). Cuando termina el ceremonial, las tres hermanas suben al tren de vuelta
a casa. En ese instante, Sachi, que se ha dado cuenta de que la viuda de su
papá es una bruja, le ofrece a Suzu que se vaya a vivir con ellas.
El papeo es fundamental en el cine japonés:¿cómo consiguen estar tan delgadas?
La película narra la convivencia de las hermanas y describe
sus distintos caracteres: Sachi es disciplinada, seria, trabajadora y, en
apariencia, algo intransigente con sus dos hermanas, ligeramente tarambanas
ambas. Yoshino trabaja en un banco, bebe en exceso, y como es enamoradiza, los
hombres la hacen sufrir. Chiko es la más alegre y despreocupada de las tres: un
poco choni, pero
ya se sabe que una choni japonesa es como una princesa occidental. La vida de las tres cambia
con la llegada de su recién descubierta hermana.
El film narra hábilmente la vida en común de las muchachas y
sus existencias individuales. Y el cambio que Suzu produce en sus vidas. Uno de
los méritos del film es la aparente sencillez con que se define a todos los
personajes y la evolución que experimentan. Yoshino es ascendida y junto con un
ejecutivo bancario se dedica a visitar clientes en apuros. Para nuestra
sorpresa, el ejecutivo se muestra comprensivo con las deudas y problemas
económicos de estos. Igual que en España. En un momento dado, Yoshino le
pregunta, de forma indirecta, sobre su actitud: “¿No trabajaba usted antes en
el Banco de Tokio?”. “Así es. Pero me di cuenta de que no encajaba allí. ¿Usted
no ha tenido nunca esa sensación?”. En un breve intercambio nos enteramos del
pasado del hombre (ha renunciado a un puesto mejor porque no deseaba explotar a
la gente) y de la nueva conciencia de la chica, egoísta hasta este momento de
revelación. Este tipo de diálogo breve e indirecto es frecuente en el film y es
uno de sus puntos fuertes. O bien la ausencia total de diálogo: como cuando
Sachi decide “adoptar” a Suzu sin que medie palabra o cuando abandona a su
amante, un médico casado.
Sachi (Haruka Ayase)
Lo atractivo de este film, como de tantas películas
japonesas, no reside en el argumento ni en las peripecias, sino en el tono.
Este puede estar logrado o no. En el caso de Nuestra hermana pequeña, la historia sentimental se expresa
a través de sensaciones: los cerezos en flor, el licor que preparan ritualmente
las hermanas, el primer kimono que viste Suzu, la melancolía de Sachi, la
alegría de vivir de Chiko, el cambio de conducta de Yoshino, los paisajes
predilectos del padre de las muchachas, único recuerdo bueno que guardan de él
(una excelente idea de guión: describir a un personaje que no aparece en la
película mediante las vistas de unas colinas)... Todo ello mostrado con
sencillez y sin el menor énfasis.
En cierto modo, este film es como una versión de la novela
de Louise May Alcott Mujercitas (insistimos: la novela, que no está mal, a diferencia de la
muy cursi película de Mervyn LeRoy, que posee todos los elementos negativos de
una producción de la MGM de los años cuarenta). Piensen que Louise nunca se
casó (porque no quería someterse a ningún hombre) y fue una ferviente
abolicionista y sufragista. Las protagonistas de Nuestra hermana pequeña, en especial Sachi, tampoco quieren someterse a ningún
hombre; Yoshino aprende a no dejarse aprovechar por ellos, y Suzu, que posee un
carácter muy similar al de Sachi, antepone a sus hermanas a su novio/compañero
de clase.
La última escena de la película:
las cuatro hermanas acaban de descubrir que se necesitan las unas a las otras
En definitiva, un buen film que deja un poso de satisfacción
en el espectador. Cuatro mujeres que provienen de familias destrozadas y que
logran crear, merced al sacrificio y la fortaleza, una familia casi perfecta.
Habrá que verla. La que más me ha gustado de Koreeda es "Nadie sabe", aunque es muy triste. La última suya que vi, "Still walking", me dejó frío. Igual que "Hana", a pesar de que fuera de samuráis. "De tal padre, tal hijo" también tiene muy buena pinta.
ResponderEliminarNo he visto ninguna de las que citas. Nunca tuve ocasión. Pero ya he puesto ese popular sitio de descargas en marcha. Esta tiene tintes meláncolicos, pero se impone el buen rollo...
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