sábado, 30 de abril de 2016

Mujeres, curro y feminismo (II)


 Mujeres, curro y feminismo (II)

Por el Señor Snoid

Para Di, recién llegada de Edo

No pensábamos hacer un segundo homenaje a la mujer trabajadora en este día tan señalado, pero las circunstancias nos han obligado a ello. En primer lugar, la señora Snoid perdió su empleo. Esto no tiene nada de extraordinario hoy en día. Lo que nos sorprende (vean si somos ingenuos) es que, después de estar trabajando seis años en el mismo garito, no le comuniquen si le renuevan el contrato o no, sino que tenga ella que enterarse tres días antes de que empiece el curro (o no) llamada mediante al jefe supremo, quien le dio las excusas (falsas) habituales: “Ha habido recortes”, “Tenemos que prescindir de tus asignaturas”, “Hasta esta semana no lo sabíamos”. La señora Snoid, como todas las personas que han recibido una educación exquisita, en ocasiones habla como un camionero o camionera: “Estos son unos hijos de la gran puta y N. un calzonazos que tiembla ante la zorra de su secretaria”.

En segundo lugar, nos han animado las declaraciones de Miguel Ángel Rodríguez, antiguo voceras del primer gobierno de Aznar, sobre Inés Arrimadas: “Es físicamente atractiva como hembra joven, pero políticamente irrelevante”. Pues no estamos de acuerdo con el bocas de Miguel Ángel, aquel que tuvo que dejar su cargo por orden de Pujol nada más descojonarse ante unos cuantos periodistas por la posibilidad de que existiera una selección de fútbol catalana: Arrimadas no es tan joven (tiene 34 tacos; aunque en nuestros tiempos, cuando la juventud se alarga hasta los sesenta o setenta, pues sí, podría considerársele una pollita: pero nosotros no nos lo tragamos y muy contentos estamos con nuestra condición de viejos, palabra que, según los manuales de Lengua de 6º de Primaria es ya una palabra tabú: calco del inglés Taboo Words, aunque los ingleses, tiempo ha, sólo consideraban taboo palabras como cunt). Tampoco nos parece tan atractiva, sinceramente: ese rictus de mala leche y cabreo permanente que muestra nos la hace un tanto desagradable. En lo que coincidimos con Rodríguez es que es “políticamente irrelevante”. Como casi todo el mundo, por otro lado. Pero prosigamos con esto del atractivo físico y la política: ¿qué sería de su líder Albert sin su varonil prestancia? Recuerden que cuando se fundó ese partido anti-imperio catalán, Ciutadans, los carcamales que lo pergeñaron (Arcadi Espada, Boadella, Félix de Azúa) se fijaron en un joven suficientemente preparado y atractivo. No sabían el monstruo que estaban creando, aunque las abuelas de las derechas suspiren por un joven (36) tan guapo, tan varonil y tan español. ¿Y qué sería del PSOE sin Pedro (44)? A nosotros Pedro se nos antoja mucho más viril que Albert, sobre todo por ese cutis salpicado por el sarampión o la varicela y esa mandíbula cuadrada que tanto nos pone en hombres y mujeres. Aunque no le vemos como presidente del gobierno. Le vemos como locutor de TV, al estilo de un Matías Prats o de aquel sex-symbol de la transición española al que nuestras madres y abuelas apodaron el telebombón, Pedro Macía.

El otro Pedro
 
¿Y qué sería de Iglesias sin Errejón? Porque han ustedes de admitir que el capital erótico de Iglesias es más bien limitado (no apabullante como el de un Varufakis), y sin Íñigo nada sería. Errejón (32) es el chico mono que encandila a todos los sectores: progres y fachas al alimón. Las mujeres le adoran, incluso las votantes del PP, pues piensan que un chico tan mono, que habla tan bien y que tiene esos modales, es, como Lord Jim, “uno de los nuestros”, y que algún día se olvidará de esos desvaríos juveniles y volverá al redil (del fascismo). Las progres quisieran degradarlo y hacerlo más zarrapastroso para gozar de su inmaculada concepción... Errejón, en realidad, sólo cae mal a los empollones de sexo masculino –una gota de agua en el marasmo electoral.

Y todo esto iba a cuento de que enseguida que se dice algo sobre el atractivo o la fealdad de una candidata femenina saltan todas las alarmas. ¿Por qué no se dice nada del atractivo o falta de atractivo de los líderes que son machos jóvenes y atractivos? Ustedes sabrán.

 
La tercera razón es ya cinematográfica. Hace unos meses la señora Snoid nos llevó a ver una peli británica titulada Sufragistas (Suffragette, Sarah Gavron, 2015) que ilustraba la dura lucha de las británicas por conseguir el voto femenino. A cualquiera que nos preguntara –es una de las maldiciones de que este sitio sea tan popular- le contestábamos que era “didáctica” o “necesaria”. Algo que podríamos haber dicho de Black Hawk derribado o Tierra de Faraones, sin añadir lo de “cinematográficamente nula y en cuanto al tratamiento del drama, una bazofia”. Pues estas pelis tienen un valor testimonial, y nosotros, ante eso, cerramos el pico. El problema es que en Japón se hizo hace años (1949) una peli muy similar sobre el voto femenino allá, dirigida por un autor excepcional, que, mal que les pese a algunas, conocía mejor a las mujeres que Sarah Gavron: Kenji Mizoguchi.

La peli, Amor en Llamas (Waga Koi wa moenu) es de las más “explícitamente políticas” de Mizoguchi, pues narra una historia de partidos políticos, militantes idealistas y represiones varias por parte del gobierno. Estamos en 1884 y en una ciudad del norte esperan la llegada de la feminista afiliada al partido liberal Toshiko Kishida como las británicas perdían el oremus ante la Emmeline Prankhurst que interpretaba Meryl Streep:



 
Un recibimiento digno de una reinona o de una estrella del deporte. Obsérvese que tanto Kishida como Prankhurst tienen en común que son de clase alta y sus admiradoras de clase media: las currantas poco se preocupan por estas lides, como bien nos ilustra la película japonesa. Eiko, quien dirige una escuela (suponemos que progre para 1884) es la protagonista. Poco después, los padres de la sirvienta de su casa, Chiyo, le comunican que ésta se va a vivir a Tokio, por aquello de mejor sueldo y mejores condiciones. Al día siguiente, mientras pasea con su novio, también del partido liberal, Eiko se da cuenta de que Chiyo está en el muelle. Mediante un travelling de esos tan bellos y tan suyos, Mizoguchi une ambas situaciones: la chica burguesa que piensa en su futuro y la joven pobre que acaba de ser vendida por sus padres:



 
Por supuesto, Eiko no puede rescatar a Chiyo. Sus padres consideran sus protestas absurdas. Eiko se va a Tokio a trabajar en el partido Liberal. Allí se enamorará de  Kentaro Omoi, el líder carismático (una suerte de Pedro Sánchez nipón, estrechamente vigilado por una geisha meridional llamada Susana Díaz). Cuando el líder se ofrece a entrar en una fábrica textil para ver las condiciones en que trabajan las mujeres, Eiko tiene el gesto de decir “No. Usted es demasiado importante. Yo iré primero”. El galante Pedro, digo Omoi, deja que la mujer se meta en la fábrica. Y lo que ella ve es lo siguiente:




 
Ahí ha acabado Chiyo, violada un día sí y otro también (aparte de trabajar). Y todos a la cárcel (donde los polis vuelven a violar a Chiyo, que pierde el bebé que esperaba; según ella del hombre que la compró, pero ¿quién sabe?). En efecto, el melodrama es salvaje, pero si perdonamos y alabamos los desquiciados relatos de un Douglas Sirk, ¿por qué no esto? Todo el partido liberal a la cárcel. Amnistía. Kentaro Omoi es elegido para el parlamento japonés. Todo parece acabar felizmente. Pues no. Omoi tiene como amante y eficaz colaboradora a Eiko y como amante y barragana a Chiyo. Cuando Eiko descubre el pastel el líder le plantea la situación con toda naturalidad: “Ella es sólo para el sexo” (también le podía haber dicho: “Tú escribes mejores discursos”). El final es muy conmovedor y recuerda un poco el de El hombre que mató a Liberty Valance: en un tren, Eiko, que ha abandonado a Omoi, regresa desengañada a su pueblo; los pasajeros elogian al “hombre nuevo”… Pero Chiyo ha decidido acompañarla: Chiyo ha aprendido y quiere seguir aprendiendo. Pocas películas de Mizoguchi tienen un final tan feliz…




 


 

El voto femenino en Japón se consiguió en 1946, primer año del virreinato del general MacArthur.
 


2 comentarios:

  1. Oh qué ilu Sr Snoid!!! Que me dediquen un post que combina femimismo, curro y cine de calidad me llena de alegría! Mil gracias. Intentaré hacerme con la peli que, evidentemente (lago Ladoga) no he visto. Por cierto, sabe que para celebración del cumple de Mini vamos a llevar a sus amigos a ver "Mi vecino Totoro"? Espero q apruebe mis intentos por seguir en conexión con Edo vía cine de calidad...

    Más cosas.... a mí Errejón me recuerda a Owen Jones, el periodista inglés al que he leído mucho más q a Errejón (no es dificil, pq de Errejón no sé mucho). Pero lo pondré en imágenes que usted entienda Sr Snoid, Errejón sería como hacérmelo con con Mickey Rooney, teniendo a Richard Burton por ahí: NO. (NO sé quién sería Burton en el panorama actual; yo a Sáchez no lo trago desde q salió delante de una banderola de ejpania tamanio natural y q le oí decir con esa voz de galán trasnochado "me gusta practicar el sexo"... la gente q se toma a sí mismo tan en serio, NO).

    Por último: dígale a su Sra de usted que mil abrazos pq gracias a ella he recoerdado q tengo un blog y q debería actualizarlo de vez en cuando, máxime con efemérides como las de hoy: hace 8 anios fue el verdadero LABOUR day.

    Muxus todos

    di

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  2. ¡Qué imagen tan deliciosa! Usted y Mickey Rooney "haciéndoselo". Pues sepa que Mickey, pese a su 1,50, era un sátiro que dejaba agotadas a ninfómanas de la categoría de una Ava Gardner, otra ilustre londinense de adopción como usted. Lo de Owen no me extraña: ¿qué puede hacer Errejón contra ese doncel educado en Cambridge, que publica libros de éxito mundial y escribe a diario en The Guardian, su periódico favorito de usted (después del News of the World). En fin, pone uno un post feminista-reivindicativo y usted sólo pensando en ¡SEXO! Me da una alegría, no crea...

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